Capítulo 3  A rey muerto, rey puesto

Capítulo 3 A rey muerto, rey puesto



Aperitivo

  • Después de que Marga Teresita aceptara la herencia de don Pedro Teodosio y reuniera a la familia para comunicar el nuevo reparto de responsabilidades ejecutivas y financieras, el capítulo anterior nos dejó con una duda: ¿Habrá logrado Luciano Federico convencer a su hermana de que él es la persona idónea para seguir controlando el dinero?

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Un doloroso flashback

“No puedo creerlo. Todavía no puedo creer que me engañara de esa manera. Estaba seguro de que se había tragado la historia del bondadoso hermano mayor”. 

Una semana después de que Marga Teresita convocara aquella reunión en la que dejó claro que la modesta oruga se había transformado en mariposa monarca, Luciano Federico y su madre seguían rumiando su amargura y maquinando posibles líneas de acción.

“Nos dejó en ridículo, no hay duda”, aseveró una Elena de las Nieves aún más tensa de lo habitual. “Y, lo que es peor, demostró que ella también sabe jugar a hacerse la tonta. No hay más que ver los argumentos que dio para justificar que se haría cargo personalmente de la presidencia del Banco y del Family Office“.

Con expresión malévola, Elena de las Nieves se lanzó a una burlona imitación del tono dulce de Marga Teresita: “… Está claro que se trata de responsabilidades complejas y vitales para nuestro futuro. Por eso, estoy convencida de que lo mejor es explorar nuevas vías de gestión para proyectar aún más la impecable labor realizada hasta el momento por Luciano. Tengo algunas ideas sobre el tema que me gustaría poner en práctica, por lo que he decidido asumir yo misma la presidencia”. 

Luciano Federico también recordaba vívidamente el silencio sepulcral que había seguido a esas palabras. Mientras Victoria Marina y Carlos Adalberto se miraban de reojo y suspiraban aliviados, él había tardado unos segundos en comprender todas las implicaciones de la bomba que, cual cagada de paloma, acababa de lanzarle Marga Teresita en plena coronilla. 

“¿Estás diciendo que me relevas de mis funciones?”, había conseguido articular por fin, sin poder disimular su consternación. “¡Y lo dices como si estuvieras hablando de cambiar los muebles del salón! ¡No estás capacitada para ello! ¿Te crees que por tener unos cuantos titulitos universitarios ya sabes cómo funciona el mundo? ¿Piensas que puedes hacerlo mejor que yo? ¡Pues estás muy equivocada, guapita!”.

Marga Teresita no pareció afectada ni sorprendida por la rapidez con que Luciano se había desprendido de su máscara de hermano bondadoso, ni tampoco acusó recibo del ofensivo tono general de sus palabras. “Luciano, siento mucho si has malinterpretado mi decisión, pero en modo alguno estoy poniendo en duda tu capacidad. ¡Al contrario! Todos somos conscientes de cuánto te has sacrificado por la familia, hasta el punto de dejar de lado tus propios negocios. Darte más tiempo libre para tus asuntos es sólo una modesta forma de agradecerte el esfuerzo realizado”. 

Si Luciano hubiese considerado aceptable desmayarse en público, sin duda ese habría sido el momento indicado. El comentario de Marga Teresita, ¿era una simple excusa con la que había acertado por casualidad, o estaba realmente al tanto de las serias dificultades que atravesaba su empresa de promociones inmobiliarias? Aún no se había recuperado de la impresión cuando ella continuó, con su inalterable sonrisa:“Por otra parte, Luciano, tienes toda la razón en que el desafío es excesivo para mí. Afortunadamente, cuento con el asesoramiento de un reconocidísimo experto, con el que tuve la fortuna de coincidir en Harvard, que ha aceptado apoyarme en esta fase de transición”. 

“¿Qué experto?”, demandó Luciano Federico, completamente descompuesto. 

“Oh, es un hombre muy discreto que no suele realizar consultorías privadas salvo en casos muy especiales, por lo que me ha exigido total discreción. En todo caso, sus resultados le avalan, por lo que os pido que me otorguéis un voto de confianza”. 

“Por supuesto, por supuesto”, asintieron con énfasis Victoria Marina y Carlos Adalberto, que hasta entonces habían asistido en silencio al tenso intercambio. 

Victoria decidió aprovechar el momento para dejar clara su postura y rematar con saña al caído Luciano: “Me parece que has tomado una decisión muy acertada, hermana. Precisamente, hace poco leí un estudio publicado por dos investigadoras de la Universidad de Milán, en el que se demuestra que las empresas familiares mejoran sensiblemente sus resultados cuando el principal responsable masculino es reemplazado por una mujer”. 

“¡Te lo estás inventando!”, acusó Luciano Federico, congestionado. 

“En absoluto, hermano. Luego te enviaré el enlace al artículo del Management Science. Creo que deberías intentar respirar… Pareces a punto de sufrir un paro cardiaco y hoy olvidé meter el desfibrilador en el bolso”. 

En ese punto Luciano Federico llegó al límite de su resistencia. Con los puños apretados, abandonó el despacho a grandes zancadas por la puerta que el diligente Benicio había abierto momentos antes, haciendo gala de su proverbial capacidad de anticipación. 

El impaciente inglés 

Tampoco Elena de las Nieves había logrado conciliar el sueño durante la semana transcurrida desde la traumática reunión. Aunque sentía en el alma la difícil situación por la que atravesaba su hijo (cuyo verdadero alcance ni siquiera ella sospechaba), la viuda tenía sus propias tribulaciones… que implicaban la urgente necesidad de grandes cantidades de dinero.

fermin“¿Has hablado ya con los abogados?”, preguntó con un atisbo de esperanza, mientras rascaba detrás de las orejillas al omnipresente Fermín, que últimamente parecía percibir su desconsuelo y no la dejaba ni a sol ni a sombra. 

Luciano suspiró y se recostó en el sillón, con aspecto derrotado.“Nada que hacer por ese lado, madre. No quisieron darme información ni explicaciones, más allá de lo que me concierne directamente. El deber de confidencialidad les ata a su cliente y tienen muy claro que esa es Marga Teresita. Parece que el viejo lo dejó todo bien claro y no hay por dónde impugnar. Tampoco hay duda alguna sobre la filiación biológica de la pequeña estúpida… Lo que es peor, ¡los leguleyos parecían complacidos con la situación! Como despedida, tuvieron la desfachatez de decirme que, en su opinión, mi padre tomó una sabia decisión y que la nueva propietaria es una joven con la cabeza muy bien amueblada, citó Luciano, sin disimular el oprobio y el mosqueo superlativo que había sentido ante el comentario. 

“Luciano, querido mío, no deseo ponerme dramática, pero mi situación financiera es realmente desesperada, no se me ocurre otra manera de recuperarme que…”. 

“No hagas nada, madre”, interrumpió alarmado Luciano Federico. “Eso sólo empeoraría la situación. Por favor, trata de controlarte un poco más, resolveré esto de alguna manera y después buscaremos una ayuda definitiva para ti…”. 

Después de titubear un instante, Luciano carraspeó y siguió hablando: “Verás, madre… La situación es infinitamente peor de lo que imaginas. Hace tres años conocí a un tipo, un inglés que tenía aún más dinero que nosotros… y grandes planes para esta región. Pero necesitaba la influencia de los Rodríguez de la Malvarrosa, porque en cien kilómetros a la redonda de San Pancracio nadie osaba respirar sin el permiso de padre. El problema es que tu señor esposo no quiso ni oír hablar del tema y se negó a promover las reformas legales necesarias. ¡Podríamos haber quintuplicado nuestra fortuna! Calculando que a padre no podía quedarle mucho tiempo, este individuo me adelantó cantidades sustanciales de dinero… a cambio de asegurarse mi cooperación cuando yo asumiera el control. Huelga decir que no se tomó muy bien ni la increíble longevidad del viejo ni su resistencia a cederme el mando. Se refería a él como ‘ese puñetero vampiro‘. Por lo de la inmortalidad, ya sabes. Y ahora…”. 

Luciano Federico hizo ademán de mesarse los cabellos, pero los dedos resbalaban a causa de la gomina y se contentó con aflojarse el nudo de la corbata. “Cuando se entere de que esa pánfila recién salida del colegio me ha dejado fuera de juego…” 

Elena de las Nieves estaba tan aturdida que apenas conseguía reaccionar. “¿Cómo es que no supe nunca nada de eso? ¿Es peligroso ese hombre?”.

Luciano parecía estar pensando una respuesta cuando la voz de Freddy Mercury gritando “We are the champions” hizo que ambos dieran un brinco en sus asientos. El único que permaneció impasible ante la repentina invasión sonora fue el chihuahua Fermín, que se limitó a menear la cabeza como perrito en el salpicadero. 

“Lo siento, pensaba que tenía el celular en silencio”, se disculpó Luciano, mientras sacaba del bolsillo su iPhone ultraplano. 

“¡No pensarás responder ahora!”, protestó Elena de las Nieves. “Estamos en mitad de una conversación importante”. 

“Es sólo un momento, madre”. Luciano se abalanzó fuera de la estancia mientras bajaba la voz para atender la llamada. 

“¡Nomofóbico!”, rezongó la dama. “Lo que me faltaba. No puedo contar con mi hijo esta vez. Incluso si consiguiera acceder al patrimonio familiar, está claro que tiene otras prioridades en la cabeza. ¿A quién voy a recurrir? Mmmmmm. Se me está ocurriendo que… Sí, ¿por qué no? Creo que con el enfoque adecuado podría funcionar. Después de todo… A rey muerto, rey puesto“. 

El asesor encriptado 

Marga Teresita cerró por dentro la puerta del despacho y se acomodó frente al ordenador. Después de introducir cuatro contraseñas diferentes, a cuál más complicada y difícil de recordar, el rostro pixelado de su misterioso asesor se materializó en la pantalla. La joven suspiró, exasperada. 

“No entiendo por qué tanta precaución, G.P. ¿De verdad es necesario que difumines tu imagen, como si fueras menor de edad? ¿Y tenemos que usar unas ridículas siglas como nombre en clave? Por no hablar del distorsionador de voz… Es como estar hablando con un robot. Después de todo, ¡ya nos conocemos!” 

“Confía en mí, M.H. Aunque esta sala virtual es a prueba de crackers, toda precaución es poca. No estamos tratando sólo con las ambiciones desmedidas de tu hermano. Se ha aliado con gente realmente peligrosa. Me temo que el hecho de que el balance del banco tenga más agujeros que un queso de Gruyère es el menor de nuestros problemas”. 

“Está bien, tienes razón. La carta de mi padre me decía que podía confiar en ti y que siguiera tus instrucciones. ¿Cuál es el siguiente paso?”. 

“Empezaremos por lo sencillito: la cartera de préstamos del banco. Tienes que prescindir del actual gerente del área, es un colaborador fiel de Luciano Federico. Por suerte, conozco a la persona perfecta para sustituirlo. Te enviaré las indicaciones en un archivo encriptado…”. 

¡CATAPLOF! 

Aunque la ducha de hidromasaje solía tener un efecto relajante, Luciano Federico sospechaba que esta vez el agua caliente no bastaría para aliviar la rigidez que sentía en el cuello. Necesitaba dinero. Mucho, mucho, muchísimo dinero. Su socio no era un hombre comprensivo y le había lanzado un ultimátum: o recuperaba el control en una semana o…

…WE’LL KEEP ON FIGHTING TILL THE EEEEEND!

Durante medio segundo, Luciano se planteó ignorar el bramido del celular. Sin embargo, su presunta nomofobia volvió a imponerse y, sin molestarse en apagar el chorro, se precipitó fuera de la ducha para responder antes de que saltara el buzón de voz.

Apenas un instante antes de que su cabeza rebotara contra el suelo, pensó que debería haber recordado las advertencias maternas sobre lo peligrosos que eran los resbalones en el cuarto de baño…

¡CRASH!

 

LA CONTINUACIÓN…  el próximo mes,
Si te has perdido algún capítulo, ponte al día en la
responsabilidad social

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 Comentarios

  1. ZAS……..siempre me dejan con la maldita intriga del proximo capitulo…….

    No pueden extender un poco mas el relato?

    Saludos.

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